Que ya está todo dicho
me dicen.
Pero aunque así sea
se puede decir
lo mismo
sin llegar al centro de nada,
sin tocar el aliento despeñado de una garganta
ni perforar el espíritu,
o bien,
se logra atravesar
en permutación lingüística,
en combinación gramática,
cualquier muro de miedo y roca,
cualquier día de sombra,
cualquier silente fantasma
y hacer sueños
con la luz de tres palabras
repetidas incesantemente en el tiempo.