Las calles mojadas
devuelven su cristalina imagen
brillante, oscura, escurridiza.
Las calles mojadas
son espejo de cielo y tejados,
de trivialidad y viento calmado.
Las calles mojadas
recogen pasos veloces,
salpican de barro desnudos tobillos
y absorben el calor de nuestros cuerpos, aún dormidos.
Almenas mojadas, naipes ficticios
de filmoteca dorada,
en lluvia púrpura descosida.
Arcilla mojada, empapada,
suelo poroso que reconduce
líquidos celestes
al interior de su tierra.
Bendita humedad que pinta frescos
en el alma del planeta
y en las calles de mi pueblo,
de cualquier pueblo.

